El arte y la sensualidad en la Historia
La sensualidad ha estado asociado a la sociedad y la cultura del hombre desde los inicios de los tiempos, y el caso de la literatura no es una excepción, si bien a menudo se ha visto sometida a la censura por considerarse un tema reprobable o pecaminoso.
Asimismo, también es frecuente la alusión al sexo o pasajes eróticos englobados dentro de obras mayores, no como tema principal de la obra, sino como capítulos aislados que contribuyen al devenir de la narración o al desarrollo de personajes. Así, por ejemplo, es posible encontrar fragmentos claramente erótico-sensuales en obras como el Quijote de Cervantes o el Ulises de James Joyce, sin que por ello se considere a estas obras dentro del género.
El enigma del Románico
Ciertamente no deja de sorprender la presencia en numerosas iglesias de canecillos, metopas y capiteles esculpidos con escenas más o menos subidas de tono.
Aunque es conocida la habitualidad con la que otras civilizaciones esculpían o pintaban escenas eróticas, como en el caso de los templos hindúes, las pinturas murales romanas (Pompeya es un buen ejemplo) o las cerámicas griegas, nos cuesta asimilarlo en el arte religioso cristiano...
Pasa el Raton por cada uno de los Dibujos


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A diferencia de las otras dos grandes escuelas de historieta (la franco-belga y la estadounidense), en el manga las viñetas y páginas se leen de derecha a izquierda, al igual que en la escritura tradicional japonesa. El más popular y reconocido estilo de manga tiene también otras características distintivas, muchas de ellas por influencia de Osamu Tezuka, considerado el padre del manga moderno.
El manga nace de la combinación de dos tradiciones: La del arte gráfico japonés, producto de una larga evolución a partir del siglo XI, y la de la historieta occidental, afianzada en el siglo XIX. Sólo cristalizaría con los rasgos que hoy conocemos tras la Segunda Guerra Mundial y la labor pionera de Osamu Tezuka.
Durante el siglo XIX, en plena transición de la era feudal a la industrializada, los artistas occidentales se maravillaban del ukiyo-e, gracias a la exótica belleza que transmitía.